dimecres, 14 de maig del 2008

El Olimpo te espera

El asombroso viaje de Pomponio Flato (crítica literaria)


¡Oh, Mendoza, el sabio!, creador de escritos bufonescos, horas de diversión y parodia transmiten tus letras grabadas con el más prestigioso bagaje literario. Nadie se escapa a tu tono satírico, hasta el hijo de Dios cae en la trampa de tu pluma. La historia jamás contada o al menos nunca explicada de este modo. Tu espíritu creativo renació tras años de ausencia. No queda títere con cabeza, la grandilocuencia de romanos o griegos queda banalizada y reducida a una comunidad aficionada a sodomizarse entre ellos, o como bien dices, a darse por culo.

Nadie mejor que Pomponio Flato, personaje principal de la obra, para introducirnos en una lectura surrealista y desternillante. El entrañable Pomponio, romano de la orden ecuestre, digno ciudadano del imperio, recorre tierras y valles en busca de agua mágica. Sin embargo la suerte le es esquiva. Los poderes que le concede el líquido elemento tan solo le hacen poseedor de un pestilente hedor. En definitiva, el entrañable Pomponio se tira pedos por allí donde va, y en esas, acaba en Nazaret, tierra de semitas. Jesús, hijo de José ¡ah! y también de Dios, pide ayuda al romano, su padre se encuentra a las puertas de la crucifixión.

¡Oh, Mendoza, el sabio! Tus complicados enredos cual comedia griega o romana, rompen los esquemas y tópicos que la historia clásica nos dejó como herencia. Una vuelta de tuerca más, otro punto de vista, la ironía o simplemente la caricaturización de los personajes, le concede el ritmo necesario que les faltó a nuestros antecesores romanos o griegos. Si Aristófanes, o Plauto levantaran la cabeza…

No solo son los aduladores de dioses paganos los que quedan empequeñecidos tras la tinta arrojada por Mendoza. El cristianismo y su mesías quedan reducidos a un niño repelente que se marea con facilidad y que no duda en jugar con su primo Juan antes que guiarnos hacia la salvación eterna.

Librerías llenas de héroes y villanos, de ladrones y policías o de Romeos y Julietas. Los tópicos invaden nuestras estanterías. Mendoza consigue su objetivo. Nadie antes juntó al hijo de Dios con un entrañable romano flatulento. Tu originalidad te abre las puertas de la gloria, días de vino y rosas te esperan, ¡Oh, Mendoza, el sabio!